Si algo nos caracteriza, es nuestro sello Mediterráneo. Nuestras costumbres, nuestra alimentación, nuestros horarios y nuestra particular manera de disfrutar de pequeños placeres que tenemos los afortunados de vivir en esta tierra. También es característico nuestro modelo de ciudad, urbes compactas en su núcleo que can diseminando su espacio cuanto más alejado están del epicentro. Dicho de otro modo, en Baleares hemos hecho siempre vida de barrio. Todos recordamos nuestra infancia en las calles céntricas de nuestro municipio, los comercios formaban parte de la vida de barrio que hacíamos, el trato con los comerciantes era cercano y de confianza y todos teníamos puntos de venta de referencia donde comprar porque se fomentaba una relación de amistad con quien nos atendía. Eran otros tiempos.
Los años han pasado y hoy parece que nos ha entrado una fiebre por asemejarnos al modelo anglosajón, una forma de entender las ciudades con espacios metropolitanos cada vez más dispersos y sin identidad. Un modelo que premia el comercio de atracción, el de los centros comerciales en la periferia.
La consecuencia más atroz es que las ciudades se están vaciando, los comercios cierran sus puertas ante la imposibilidad de competir con las ventajas que se están dando a los puntos donde se concentran negocios de comercio, restauración, ocio y con aparcamiento gratuito ilimitado.
¿Es esto lo que realmente queremos? Los comerciantes decimos "no". Prueba de ello es que cada vez hay más locales con carteles anunciando el traspaso. El comercio agoniza, no es la primera vez que los denunciamos pero alguna vez será la última porque sabemos que pronto nuestro sector morirá. Pregunten a cualquiera que está detrás de un mostrador y verán que el panorama es incluso más desolador que el que planteo.
Morimos, señores políticos. Se nos acaban las fuerzas par explicarles que así no vamos bien. No vamos bien nosotros, pero ustedes tampoco. Porque hacer política nos es aplicar medidas impositivas. ¿Saben? El sentir ciudadano es común, parece que se gobierna para ir en contra de los ciudadanos. Si lo que buscan es que nuestra ciudad se parezca a Berlín, Múnich o Lisboa, con grandes zonas peatonales por las que transitar cómodamente y de manera sostenible, desde comercio estamos de acuerdo pero a los grandes titulares hay que acompañarlos de medidas acordes a las pretensiones.
No tiene sentido querer peatonalizar todo el casco urbano, para facilitar la vida en la calle, y eliminar las terrazas de bares y restaurantes. No tiene sentido querer dejar el centro libre de coches y no tener un transporte público de primera calidad ni una red de aparcamientos en el extrarradio con un sistema de lanzaderas que nos acerquen al epicentro comercial. No tiene sentido, tampoco, cerrar el tráfico con simples barreras que afean el entorno y no pavimentar el suelo con materiales que embellezcan las calles.
Desde Afedeco apostamos por una ciudad modelo, y no por el modelo de ciudad que nos intentan imponer. Escúchennos, sabemos cómo hacerlo. Estamos trabajando de manera conjunta desde los diferentes sectores, sin personalismos ni luchas entre unos y otros. Si a nivel político hicieran lo mismo, seguro que Palma ganaría y convertiríamos nuestro centro en ese modelo de ciudad donde perdurara el sentimiento de orgullo Mediterráneo que llevamos dentro.
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